Qué es la negociación para niños (con ejemplos)
Habilidades del Futuro
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Qué es la negociación para niños (con ejemplos)

Dos hermanos, una porción de pizza y quince minutos de gritos.

Yo estaba delante. Y lo que más me llamó la atención no fue la pelea, fue lo que hicieron después: uno propuso partirla, y el otro dijo que sí a condición de partirla él. El primero aceptó, pero puso que entonces elegía él el trozo.

Ninguno de los dos sabía que acababa de negociar. Y ninguno de los dos podría haberte explicado qué es negociar si se lo preguntas.

Eso es más común de lo que parece: los niños negocian todo el día y no tienen palabra para lo que hacen.

Qué es negociar, en una frase que un niño entienda

Negociar es ponerse de acuerdo con alguien que quiere algo distinto que tú, sin que ninguno se quede sin nada.

Ya está. Esa es la definición completa, y funciona igual a los siete que a los cuarenta.

Fíjate en lo que tiene dentro, porque cada trozo importa:

  • Alguien que quiere algo distinto. Si los dos queréis lo mismo y estáis de acuerdo, no hay negociación, hay suerte.
  • Ponerse de acuerdo. No convencer, no ganar. Acordar.
  • Sin que ninguno se quede sin nada. Si uno sale con las manos vacías, eso no fue una negociación. Fue que uno se impuso.

Esa última parte es la que casi nadie explica y la que más falta hace.

Lo que no es negociar

Aquí es donde se confunden casi todos los adultos, así que difícilmente vamos a explicárselo bien a un niño.

No es discutir. En una discusión cada uno defiende su posición hasta que alguien se cansa. En una negociación buscas qué le hace falta al otro.

No es manipular. Manipular es conseguir que el otro haga algo que no le conviene, sin que se dé cuenta. Se parece por fuera, pero acaba en sitios muy distintos: al manipulador dejan de hablarle.

No es ceder siempre. Y este me toca de cerca, porque el niño amable, el que siempre dice que sí, no está negociando: está aceptando. Para negociar hace falta poder decir que no, que es una habilidad aparte y bastante más difícil —le dedicamos un artículo entero porque da para eso.

Y no es ganar. Esta es la más contraintuitiva. Un acuerdo donde tú te lo llevas todo es un mal acuerdo, porque el otro no va a querer volver a tratar contigo. Los adultos tardamos décadas en entenderlo, normalmente pagando.

Ejemplos reales, por edad

Los ejemplos de manual no sirven de nada aquí. Estos son de la vida de un niño.

De 7 a 10 años. El terreno es el patio y la casa. "Te presto mi bici si me dejas tu casco". "Recojo yo los juguetes si tú guardas los libros". "Juego a lo que tú quieras ahora y después jugamos a lo mío". Fíjate que todos tienen la misma forma: yo te doy algo, tú me das algo. A esta edad negociar es intercambiar, y con eso basta.

De 11 a 14 años. Aparece el tiempo y aparece la condición. "Si termino la tarea antes de las siete, ¿puedo quedarme media hora más?". "Te cambio dos cartas normales por una buena". "Voy contigo al supermercado si de vuelta pasamos por la tienda". Aquí el niño ya no cambia una cosa por otra: cambia una cosa por una promesa. Es un salto grande, aunque no lo parezca.

De 15 a 18 años. Ya hay intereses de verdad detrás. "Si me dejas volver a la una, te escribo al llegar y te digo con quién estoy". "Puedo trabajar los sábados si me respetáis los exámenes". A esta edad lo que negocia no es el objeto, es la confianza, y las dos partes lo saben.

Un apunte que no encaja en ninguna edad: el mejor negociador que he visto en un aula tenía nueve años y su técnica era preguntar. No proponía nada hasta saber qué quería el otro. No sé quién se lo enseñó, y sospecho que nadie.

Si te lo pregunta directamente

A veces llegan a casa con la pregunta del colegio: "¿qué es negociar?", para un trabajo o porque lo oyeron. Y respondemos con una definición de diccionario que no les dice nada.

Prueba con esto en su lugar: "¿te acuerdas de cuando querías el mando y tu hermana también, y al final acordasteis media hora cada uno? Eso fue negociar. Los dos queríais lo mismo, ninguno se quedó sin nada, y no hizo falta que mamá decidiera."

Un ejemplo suyo vale más que cualquier definición mía. Y de paso le enseña que ya sabe hacerlo, que es justo lo contrario de lo que suele creer.

Dos actividades para probarlo esta semana

La primera se llama "uno parte, el otro elige" y es la regla más antigua que existe para repartir algo.

Cuando haya que repartir cualquier cosa entre dos —el último trozo de pastel, las galletas, el tiempo de pantalla— uno de los dos hace las dos partes, y el otro escoge cuál se lleva.

Míralo un momento y verás lo que pasa: el que parte tiene que ser justo, porque si hace un trozo grande y otro pequeño, el otro se queda el grande. No hace falta que nadie vigile. La regla se vigila sola.

Eso es exactamente lo que un buen acuerdo hace, y por eso me gusta como primera actividad: no se lo explicas, lo descubre él a los dos minutos.

(Aviso por experiencia: funciona a la primera y luego se pasan una semana midiendo trozos con una precisión que da un poco de miedo. Es buena señal, aunque cene tarde.)

La segunda es "pregunta antes de proponer", y es la del niño de nueve años del que te hablaba arriba.

La regla es una sola: antes de pedir nada, tiene que averiguar qué quiere el otro. Una pregunta, la que sea. "¿Tú para qué lo quieres?", "¿hasta cuándo lo necesitas?", "¿qué te haría falta para prestármelo?".

Parece poca cosa y cambia la conversación entera, porque la mitad de las peleas infantiles son dos niños queriendo cosas distintas que creen que son la misma. Uno quiere el balón para jugar y el otro solo lo quiere para no aburrirse; en cuanto se dicen eso en voz alta, el acuerdo se cae solo.

Con adultos funciona idéntico, por cierto. Yo lo uso en reuniones y no siempre me acuerdo.

Y después de entenderlo, ¿cómo se entrena?

Esto es lo que responde a "qué es". El cómo enseñarlo día a día —qué hacer a cada edad, los errores que cometemos los padres, actividades para practicar— lo tenemos aparte en cómo enseñar a negociar por edades. Son dos cosas distintas y mezclarlas no ayuda a nadie.


Volviendo a la pizza: se la repartieron. El que partió midió con el cuchillo tres veces.

No aprendió lo que era negociar aquel día. Pero aprendió que había una forma de salir de ahí que no era gritar más fuerte, y a los ocho años eso ya es bastante.

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