Cómo hacer una oratoria para niños + 30 temas
Habilidades del Futuro
9 min de lectura

Cómo hacer una oratoria para niños + 30 temas

"Tema libre."

Dos palabras en la agenda, escritas por una profesora con la mejor de las intenciones, y la noche entera arruinada. Porque "tema libre" suena a regalo y funciona como castigo: a un niño de nueve años que no sabe todavía qué es una oratoria, decirle que puede hablar de lo que quiera es dejarlo solo frente a un abismo. Va a elegir mal. Va a cambiar de idea tres veces. Y a las diez de la noche va a estar llorando en la mesa de la cocina mientras tú buscas en el celular "temas de oratoria para niños".

Si llegaste hasta aquí buscando exactamente eso, los treinta temas están más abajo y puedes saltar directo. No me ofendo.

Pero antes quiero decirte algo que va contra casi todo lo que vas a leer sobre esto: el tema importa mucho menos de lo que crees, y elegirlo primero es justo el orden equivocado.

Una oratoria no es un resumen leído en voz alta

Aquí empieza la confusión, y la arrastran los adultos tanto como los niños.

Una oratoria es un discurso breve donde alguien defiende una sola idea delante de otras personas. No es una exposición sobre un tema. No es leer lo que encontraste. La diferencia está en el verbo: en una exposición cuentas algo, en una oratoria sostienes algo.

Esto suena a matiz de profesor y no lo es, es lo único que separa un discurso que se escucha de uno que se aguanta. Si tu hijo se para al frente y dice "hoy les voy a hablar sobre los delfines", ya perdió a la sala. Si dice "los delfines no deberían estar en acuarios y les voy a explicar por qué", tiene a todo el mundo. Mismo tema. Distinta cosa.

Y sí, lo sé: en la escuela van a llamar "oratoria" a las dos. Tú no vas a corregir a la profesora. Pero en casa, cuando lo prepares con él, apunta a la segunda.

La estructura que aguanta cualquier tema

Esta es la parte que de verdad hace falta, y la buena noticia es que es siempre la misma. Un niño que aprende esta estructura no vuelve a bloquearse ante un "tema libre", porque ya no está inventando un discurso desde cero: está llenando tres casillas.

Primera casilla: el gancho. Una frase que no sea "hola, hoy voy a hablar de". Puede ser una pregunta a la sala ("¿alguien aquí ha visto un delfín de verdad?"), un dato que sorprenda, o algo que le pasó a él. Diez segundos. Nada más.

Segunda casilla: la idea, dicha completa y de una vez. "Yo creo que los acuarios deberían cerrar." Punto. Sin rodeos y sin "en mi humilde opinión". Un niño de siete años puede hacer esto perfectamente si le explicas que es como decir qué equipo va a ganar antes del partido: te mojas al principio, no al final.

Tercera casilla: tres razones, y solo tres. No cuatro, no seis. Tres, porque tres es lo que un niño recuerda sin papel y lo que una sala retiene sin esfuerzo. Cada razón con un ejemplo pegado. Razón sin ejemplo no se sostiene, y ejemplo sin razón es una anécdota suelta.

Y luego el cierre, que en realidad es la primera casilla otra vez. Vuelves al gancho. Si empezó preguntando quién había visto un delfín, termina con eso: "el que vieron en el acuario no estaba nadando, estaba dando vueltas." Se cierra el círculo y la sala siente que el discurso terminó de verdad, sin necesidad de decir "y esto ha sido todo, gracias".

Bueno, a ver, estoy simplificando: hay discursos buenísimos que no cierran el círculo y hay niños a los que esto les sale rígido. Si a tu hijo le funciona mejor terminar con una pregunta abierta a la sala, que termine así. La estructura es una muleta, no una jaula. Pero mientras no sepa caminar solo, la muleta sirve.

Cuánto tiene que durar

De 7 a 10 años: un minuto y medio, dos como mucho. De 11 a 14: entre dos y tres. De 15 en adelante: cinco, y ya es un discurso de verdad.

Casi todo el mundo se pasa. Corto y terminado gana siempre a largo y arrastrado.

Cómo se prepara, día por día

Cuatro días. Nunca la noche antes, y ya sé que la noche antes es exactamente cuando la mayoría de nosotros nos enteramos de que había una oratoria.

Día 1 — elegir. Aquí es donde va el tema, cuarto lugar en importancia y primero en la lista solo porque hay que empezar por algún lado. La regla para elegir no es "algo que le apasione". Es más aburrida y funciona mejor: algo sobre lo que pueda contestar tres preguntas sin buscar en internet. Si tiene que investigar para poder opinar, el discurso va a sonar prestado. Si ya tiene opinión, solo hay que ordenarla.

Día 2 — llenar las casillas. En papel, con lápiz, en frases sueltas. Nada de redactar todavía. Tu único trabajo aquí es preguntar "¿y por qué?" cada vez que diga algo. Tres veces seguidas. Va a odiarte un poco y va a salir con razones mucho mejores que las primeras.

Día 3 — decirlo en voz alta, no leerlo. Esta es la que casi nadie hace y la que más cambia el resultado. Que lo diga de pie, mirando a algún lugar de la pared, con el papel boca abajo sobre la mesa. Se va a trabar. Perfecto: cada tropiezo marca exactamente qué parte todavía no entiende, porque uno solo se traba donde no tiene claro lo que quiere decir.

Día 4 — una vez más y a dormir. Sin correcciones nuevas. El día antes no se arregla nada, solo se pone nervioso.

(Un paréntesis que no viene mucho al caso: el día 3 es también el día en que te vas a dar cuenta de que tu hijo dice "este... este..." cada cuatro palabras, o que se toca la oreja, o que se balancea. No se lo digas ese día. Díselo semanas después, fuera de contexto, cuando no esté asociado a un examen. Corregir tics en plena preparación es la forma más rápida de que asocie hablar en público con que le señalen defectos, y eso dura años. Lo he visto salir mal las suficientes veces como para ponerlo entre paréntesis y en negrita mental.)

30 temas de oratoria, por edad

Están ordenados de menos a más exigentes dentro de cada grupo. Ninguno necesita investigación: todos se pueden defender con lo que el niño ya sabe, que era la regla del día 1.

De 7 a 10 años

  1. Mi animal favorito y por qué sería una pésima mascota
  2. Lo que hago cuando me aburro
  3. El mejor lugar de mi casa (y por qué nadie más lo usa)
  4. Algo que sé hacer y puedo enseñar en dos minutos
  5. Por qué los lunes son distintos a todos los demás días
  6. Mi comida favorita y quién debería aprender a prepararla
  7. Lo que haría si fuera invisible por un día
  8. Algo que me daba miedo y ya no me da
  9. Por qué el recreo debería durar más
  10. Un día en la vida de mi mascota, contado por ella

De 11 a 14 años

  1. ¿Deberían prohibirse los celulares en clase?
  2. El uniforme escolar: ¿protege o incomoda?
  3. Las tareas para la casa, ¿sirven de algo?
  4. Lo que aprendí de algo que me salió mal
  5. Por qué las redes sociales no son gratis
  6. ¿Qué importa más: las notas o aprender?
  7. Un invento que existe y no debería existir
  8. Los videojuegos no son una pérdida de tiempo
  9. Si pudiera cambiar una regla de mi casa, cuál sería
  10. La persona que más me ha enseñado y no es un profesor

De 15 a 18 años

  1. La educación financiera debería ser una materia obligatoria
  2. La inteligencia artificial y el trabajo que voy a tener
  3. Por qué mi generación cambia de opinión más rápido
  4. El precio real de comprar barato
  5. ¿Sigue teniendo sentido ir a la universidad?
  6. Lo que la publicidad sabe de mí
  7. Emprender a los 16: ¿valentía o ingenuidad?
  8. Por qué opinar sin datos se volvió normal
  9. Una decisión que tomé solo y volvería a tomar
  10. Algo en lo que le doy la razón a mis padres y me cuesta admitir

Si ninguno le convence, hay una pregunta que casi siempre destraba: ¿qué es lo último que te dio rabia? La rabia es un motor pésimo para vivir y buenísimo para un primer discurso.

Una cosa más, y no sé bien dónde ponerla. Los temas de la lista de 15 a 18 años funcionan sorprendentemente bien con niños de 12 si el niño lee. Y varios de los de 7 a 10 funcionan con adolescentes que están empezando y necesitan algo fácil para no odiar la experiencia. Las edades de esta lista son orientativas, como todas las edades de todas las listas.

El error que cometemos los padres la noche antes

Se lo escribimos.

No completo, claro, nadie admite que se lo escribe completo. Pero le "mejoramos" una frase, le cambiamos una palabra por otra más elegante, le sugerimos un final más redondo. Y al día siguiente el niño se para al frente a defender un discurso que no es suyo, con palabras que no usa, y se le nota. Se le nota muchísimo.

Un discurso mediocre dicho con seguridad gana siempre a uno brillante recitado de memoria. Siempre. Si tu hijo dice "los delfines están tristes ahí adentro" en vez de "los delfines padecen estrés en cautiverio", déjalo. La segunda frase es de un adulto y todo el salón lo sabe.

Y si se queda en blanco

Va a pasar alguna vez. Conviene que sepa de antemano qué hacer, porque el pánico viene de no tener plan, no de olvidarse.

El plan es corto: para, respira una vez, mira el papel. Está permitido mirar el papel. Nadie descalifica a nadie por mirar el papel. Lo que hunde un discurso no es la pausa, es el niño que se disculpa y pide empezar de nuevo.

En casa se ensaya también esto: interrúmpelo a propósito una vez, hazle una pregunta en mitad del ensayo, deja que se pierda y que encuentre solo el camino de vuelta. La segunda vez que le pasa ya no es una catástrofe, es una molestia.


Todo esto es la parte técnica: cómo se arma un discurso concreto para el viernes. La otra mitad —cómo se construye la seguridad para hablar en público durante años, con actividades por edades y el miedo escénico— la tenemos aparte en enseñar oratoria a niños desde casa. Son cosas distintas: una se resuelve en cuatro días, la otra no se resuelve nunca del todo.

Volviendo al "tema libre" de la agenda. Sigo pensando que es una instrucción injusta, y sigo sin tener una alternativa mejor que ofrecerle a la profesora.

Lo que sí sé es que el niño que tiene la estructura en la cabeza lee esas dos palabras y no siente nada. Solo abre el cuaderno y empieza por el día 1.

Programas EntreKlass

Dale a tu hijo las habilidades que la escuela no enseña

Educación financiera, liderazgo e inteligencia emocional. 3 programas adaptados por edad, con ejercicios prácticos desde el primer módulo.

EntreKlass — Equipo Editorial de EntreKlass

Escrito por

EntreKlass

Equipo Editorial de EntreKlass

Academia online de habilidades para niños y jóvenes emprendedores. Creatividad, finanzas, liderazgo y comunicación desde los 7 años.

Artículos relacionados