Cómo evitar que tu hijo sea un adulto malgastador
Inteligencia Emocional
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Cómo evitar que tu hijo sea un adulto malgastador

Tengo un amigo de casi cuarenta años que sigue comprando cosas que no necesita cada vez que tiene un mal día. Un par de zapatillas, un gadget, lo que sea. Él mismo lo sabe y lo dice en broma, "terapia de tarjeta", pero cuando hablamos en serio una vez me contó que de niño nunca tuvo permiso de gastar nada solo, todo pasaba por la aprobación de sus padres. Nunca practicó tomar esa decisión mientras era pequeño y el error costaba poco.

Un adulto malgastador casi nunca nace así. Se forma en la infancia, normalmente por uno de dos caminos opuestos: o nunca tuvo la oportunidad de practicar con dinero propio y de decidir mal con consecuencias reales pero pequeñas, o gastar se convirtió en la forma de calmar una emoción incómoda. Lo que se hace en los próximos años con tu hijo influye directamente en cuál de esos dos caminos toma.

Por qué esto se decide antes de lo que crees

La relación que un adulto tiene con el dinero no aparece de la nada a los veinte años. Se construye con cientos de decisiones pequeñas repetidas durante la infancia: cómo reacciona un padre cuando el hijo gasta mal su mesada, si existe algún espacio para equivocarse sin castigo, si el dinero se usa en casa como premio o como consuelo emocional.

Un niño que ve que en su casa comprar algo es la respuesta automática al estrés, al aburrimiento o a una discusión, aprende esa asociación aunque nadie se la explique con palabras. Y un niño al que nunca se le permite gastar nada por su cuenta tampoco desarrolla el músculo de decidir, porque nunca tuvo que hacerlo.

Hay estudios de psicología del desarrollo que hablan de esto como "modelado", el proceso por el cual los niños copian patrones de comportamiento de los adultos cercanos sin que haya una lección formal de por medio. No hace falta conocer la literatura académica para reconocer el patrón en la propia casa. Basta con preguntarse honestamente: cuando algo sale mal en mi día, ¿qué hago yo con el dinero?

La diferencia entre gastar y gastar para sentirse mejor

Aquí está el punto que de verdad importa, y que casi nunca se nombra en las conversaciones sobre dinero con niños: no todo gasto es igual, aunque parezca lo mismo desde fuera. Comprar algo porque de verdad lo quieres, lo pensaste y decidiste que vale la pena, es una cosa. Comprar algo porque estabas triste, aburrido o ansioso y necesitabas esa descarga rápida de sensación buena, es otra completamente distinta.

Niño escribiendo con lápiz y papel sentado a la mesa

El problema es que ambos se sienten igual de bien en el momento de comprar. La diferencia aparece después, cuando el objeto ya no soluciona nada y la emoción original sigue ahí, intacta, esperando la próxima compra para taparla otra vez.

Enséñale a tu hijo a hacerse una pregunta simple antes de gastar: ¿estoy comprando esto porque lo quiero, o porque necesito sentirme mejor ahora mismo? No hace falta que responda perfecto ni que renuncie a la compra. Solo que empiece a notar la diferencia, porque esa capacidad de notar es exactamente lo que le va a faltar a los treinta si nunca la practica antes.

Esto aplica igual con dieciséis años que con ocho, aunque el vocabulario cambie. Con los más pequeños puede ser tan simple como "¿esto te va a hacer sentir bien un rato largo, o solo un rato cortito?". La pregunta de fondo es la misma, solo cambia cómo se la planteas según la edad que tenga delante.

Deja que se equivoque mientras es barato equivocarse

Esto suena contraintuitivo, pero es probablemente el consejo más importante de todo el artículo: deja que tu hijo gaste mal su propio dinero, mientras las cantidades son pequeñas y las consecuencias también.

Si tu hijo gasta toda su mesada en algo que se rompe al día siguiente, esa decepción real, sentida con doce años y veinte euros, vale infinitamente más que cualquier sermón tuyo sobre gastar con cabeza. Y vale muchísimo más que si esa misma lección la aprende por primera vez a los veinticinco años, con una tarjeta de crédito y una cantidad de dinero que sí puede arruinarle el mes.

No estoy diciendo que no intervengas nunca. Estoy diciendo que el objetivo no es que nunca se equivoque, sino que se equivoque cuando el precio de aprender todavía es bajo.

Hay un límite razonable, claro. Si la compra puede hacerle daño real (algo peligroso, algo que compromete su seguridad), ahí sí interviene un adulto sin dudarlo. Pero unas zapatillas que no le gustaron después de todo, un juguete que se aburrió de usar en una semana, un videojuego que resultó ser malo, esas son exactamente el tipo de errores baratos que construyen criterio. Cuanto más protegido esté un niño de esos errores pequeños, más grande y más caro va a ser el primer error real que cometa solo, porque nunca practicó con las versiones pequeñas.

Qué hacer cuando ves el patrón emocional

Si notas que tu hijo pide dinero o quiere comprar algo específicamente después de un mal momento, un examen que le fue mal, una pelea con un amigo, no lo ignores ni lo prohíbas de golpe. Nómbralo, con curiosidad, sin acusación: "me parece que hoy tuviste un día difícil, ¿el gorro es porque de verdad lo quieres o porque necesitas algo que te haga sentir mejor?"

A veces la respuesta va a ser simplemente que sí, que lo quiere, y está bien. Otras veces el niño mismo va a notar la conexión, y ese momento de reconocerlo vale más que cualquier ejercicio de hoja y columnas que puedas darle. No siempre va a admitirlo la primera vez que se lo preguntas, y probablemente tampoco la segunda. Está bien igual.

Lo que no funciona, en mi experiencia, es convertir esto en un interrogatorio cada vez que pide algo. Si cada solicitud de compra se vuelve una sesión de análisis emocional, el niño deja de contarte lo que quiere comprar, simplemente empieza a esconderlo o a pedírselo a otra persona de la familia que no pregunte tanto. Elige los momentos con cuidado, no cada ocasión.

Lo que los padres hacemos sin darnos cuenta

Aquí toca mirarnos a nosotros. Si tú mismo usas las compras para gestionar el estrés, y probablemente todos lo hacemos algo de vez en cuando, tu hijo lo está viendo aunque no digas una palabra. Puedes explicarle la teoría de necesidades y deseos con la mejor claridad del mundo, que si en la práctica te ve comprar impulsivamente cada vez que tienes un mal día en el trabajo, esa es la lección que realmente se queda grabada.

No hace falta ser perfecto en esto, sería absurdo pedirlo. Pero sí vale la pena nombrarlo cuando pasa. "Estoy comprando esto porque tuve un día horrible, y sé que en realidad no lo necesito" es una frase incómoda de decir en voz alta delante de tu hijo, y también es una de las más honestas que puedes ofrecerle.

Una idea que quizás no te guste

Voy a decir algo que probablemente no coincide con lo que la mayoría de contenido sobre finanzas para niños repite: no creo que el objetivo final sea criar un hijo que nunca gaste de más. Ese objetivo, llevado al extremo, produce adultos tan controlados con el dinero que tampoco disfrutan de él, y eso tampoco es una relación sana.

El objetivo real es que tu hijo, de adulto, sepa identificar cuándo está gastando desde la calma y cuándo está gastando desde el vacío, y que tenga la capacidad de elegir, aunque a veces elija gastar igual. Eso no se enseña con una charla. Se practica, se falla, se repite, durante años, con cantidades cada vez más grandes.

Piénsalo con perspectiva de años, no de meses. Un niño de ocho años que hoy gasta mal veinte euros de su mesada y aprende algo de eso, va a llegar a los dieciocho con una relación con el dinero mucho más sólida que uno al que se le protegió de cada error posible. Y ese mismo niño, veinte años después, probablemente tampoco necesite la "terapia de tarjeta" para pasar un mal día, porque ya aprendió hace mucho tiempo, con cantidades pequeñas, a distinguir entre las dos cosas.

Si quieres empezar por la base antes de llegar a este punto, el ejercicio de necesidades vs deseos es un buen primer paso concreto. Y si el patrón que ves en tu hijo tiene más que ver con impulsividad frente a pantallas específicamente, la guía sobre la trampa financiera de Roblox y Fortnite profundiza en ese caso particular.

Mi amigo del principio, el de la "terapia de tarjeta", sigue trabajando en esto a los cuarenta años. No se resuelve de un día para otro ni siquiera de adulto. Mejor empezarlo mientras el error todavía cuesta veinte euros y no cuenta con intereses, que es literalmente lo único que cambia entre su historia y la que tu hijo puede tener si empiezas ahora.

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EntreKlass — Equipo Editorial de EntreKlass

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Academia online de habilidades para niños y jóvenes emprendedores. Creatividad, finanzas, liderazgo y comunicación desde los 7 años.

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