Necesidades vs deseos: el ejercicio para tu hijo
Educación Financiera
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Necesidades vs deseos: el ejercicio para tu hijo

Hace unas semanas mi sobrina de nueve años me pidió "urgentemente" unas zapatillas nuevas porque las suyas ya "no le gustaban". Cuando le pregunté qué tenían de malo las que llevaba puestas, se quedó callada dos segundos y dijo: "nada, pero las otras son más bonitas". Ese "nada, pero" es exactamente el momento en el que se puede enseñar esto.

El ejercicio es simple: dale a tu hijo una hoja con dos columnas, "necesito" y "quiero", y pídele que anote ahí todo lo que se le ocurra que le gustaría comprar esta semana. Después, uno por uno, que decida en cuál columna va y que explique por qué. Quince minutos, sin sermón, sin juicio. La distinción real está en si algo le hace falta para funcionar bien (comer, higiene, ropa que ya no le queda, material escolar) o si simplemente lo quiere porque le atrae.

Por qué a los niños les cuesta tanto esta distinción

No es que sean caprichosos por naturaleza. Es que el cerebro que procesa "quiero esto ahora" madura mucho antes que el que procesa "esto puede esperar". Un niño de siete años literalmente tiene menos capacidad neurológica para frenar un impulso que un adulto, así que cuando ve algo que le gusta, la sensación de urgencia es real para él, aunque a nosotros nos parezca exagerada.

Esto no significa que haya que dejar pasar todo por comprensión neurológica, ni tampoco que haya que tratarlo como un capricho sin más. Es más bien un punto intermedio incómodo: la urgencia que siente es real, pero eso no la convierte automáticamente en una necesidad real. Son dos cosas distintas que a menudo se confunden, y parte de lo que enseña este ejercicio es precisamente a separarlas.

Además, casi nadie les ha enseñado explícitamente la diferencia. Los adultos la usamos todo el tiempo sin nombrarla ("esto lo compro porque lo necesito, esto porque me lo merezco"), pero rara vez la explicamos en voz alta delante de un niño. Aprenden el concepto por ósmosis, mal, o no lo aprenden.

Hay un tercer factor que casi nunca se menciona: el marketing dirigido a niños está diseñado específicamente para que todo se sienta como una necesidad urgente. Los anuncios entre videos de YouTube, los influencers que "necesitan" el último producto, los compañeros de clase que ya lo tienen. Ninguno de esos estímulos existía con esta intensidad hace veinte años, y estamos pidiéndoles a niños de siete u ocho años que naveguen ese ruido con un cerebro que apenas está empezando a desarrollar el freno.

El ejercicio: la hoja de las dos columnas

Esto es literalmente lo que hice con mi sobrina, adaptado para que lo puedas repetir hoy mismo.

Consigue una hoja en blanco y divídela en dos columnas: "Necesito" y "Quiero". Pide a tu hijo que piense en todo lo que le gustaría tener o comprar en las próximas dos semanas, sin filtrar nada todavía, y que lo escriba donde crea que va. No corrijas mientras escribe.

Niño escribiendo con lápiz y papel sentado a la mesa

Cuando termine la lista, revisen juntos cada elemento, y en vez de decirle tú si está bien o mal clasificado, hazle preguntas: ¿qué pasaría si no lo tuvieras? ¿podrías seguir haciendo tu día normal? ¿ya tienes algo parecido en casa? Esas preguntas, no tu opinión, son las que mueven las cosas de columna cuando hace falta.

Lo interesante pasa casi siempre en el mismo punto: algunas cosas que el niño puso en "Necesito" terminan cambiándose solas a "Quiero" cuando él mismo responde las preguntas. Eso vale mucho más que si tú se lo hubieras dicho directamente.

La lista de mi sobrina, para que tengas una referencia real, terminó así: en "Necesito" quedaron unas mallas para el colegio (las viejas ya le apretaban) y una mochila nueva (la suya tenía la cremallera rota). En "Quiero" quedaron las zapatillas, un peluche que había visto en una tienda, y un juego para el móvil que "todas sus amigas tenían". Nada de eso es sorprendente, honestamente, es casi la lista típica de cualquier niña de nueve años. Lo que cambia no es la lista, es que ella la escribió y la justificó, no que yo se la dictara.

Cómo adaptarlo según la edad

Con los más pequeños, de siete a diez años, conviene mantenerlo muy concreto y con objetos físicos, no conceptos abstractos como "experiencias" o "planes". Zapatillas, juguetes, chuches, cosas que puedan señalar o dibujar si todavía no escriben con soltura.

De once a catorce, ya pueden manejar categorías más amplias: salidas con amigos, ropa de marca, videojuegos, suscripciones. Aquí la pregunta "¿ya tienes algo parecido?" empieza a rendir mucho, porque a esta edad la presión social por tener lo mismo que el grupo pesa más que antes.

De quince en adelante, el ejercicio se vuelve casi financiero de verdad: puedes meter conceptos como "esto es un gasto recurrente o de una sola vez" o "si compro esto, qué otra cosa dejo de poder comprar este mes". Ya no es solo clasificar, es empezar a pensar en compensaciones reales.

Una advertencia sobre las edades, aunque quizás debería haberlo dicho antes: estos rangos son orientativos, no reglas fijas. Conozco niños de ocho años perfectamente capaces de razonar sobre gastos recurrentes, y adolescentes de dieciséis que todavía necesitan el enfoque más simple de objetos concretos. Ajusta según el niño que tienes delante, no según la tabla.

Preguntas que puedes usar para guiar la conversación

No hace falta improvisar cada vez. Estas son las que mejor me han funcionado, y las puedes ir repitiendo cada vez que hagan el ejercicio:

¿Qué pasaría si no lo tienes esta semana? ¿Ya tienes algo que cumpla la misma función? ¿Lo seguirás queriendo dentro de un mes? ¿De dónde saldría el dinero si lo compras? ¿Alguien más lo tiene y por eso tú también lo quieres? ¿Es algo que necesitas tú o que quiere otra persona que tú tengas?

Ninguna pregunta tiene una respuesta correcta preestablecida. La idea no es que el niño llegue a la conclusión que tú ya tenías en la cabeza, es que practique el proceso de pensarlo, aunque a veces llegue a una conclusión con la que no estés de acuerdo.

Y aquí va algo que quizás no esperabas escuchar de EntreKlass: está bien que a veces gane el "quiero". No todo tiene que resolverse a favor del ahorro. Un niño que nunca puede comprarse nada que simplemente quiere, sin justificación de utilidad, tampoco está aprendiendo algo sano sobre el dinero. Está aprendiendo que el placer y el gasto son cosas de las que hay que sentirse culpable, y eso no es mejor que el problema contrario.

El error que cometemos los padres sin darnos cuenta

Aquí va la parte incómoda. Muchos padres hacemos este ejercicio con nuestros hijos y al mismo tiempo compramos cosas nuestras sin aplicarnos ni una sola de las preguntas que les acabamos de enseñar. Los niños se dan cuenta. No hace falta que lo digan en voz alta para que la incoherencia les llegue igual.

Si vas a hacer este ejercicio con tu hijo, hazlo también contigo delante de él alguna vez. "Estoy pensando en comprarme esto, y me pregunto si de verdad lo necesito o si solo lo quiero" dicho en voz alta vale más que cualquier explicación teórica. No hace falta que sea perfecto ni que llegues siempre a la respuesta más responsable. Solo que se vea el proceso.

A mí me pasó hace poco con un par de auriculares que no necesitaba para nada, ya tenía unos que funcionaban bien. Los compré igual, y se lo dije a mi sobrina tal cual: "esto es un quiero, no un necesito, y lo estoy comprando de todas formas porque puedo permitírmelo esta vez". No sé si eso le enseñó algo concreto, pero al menos no le mentí sobre cómo funciona el dinero en la vida real, que tampoco es que todo se resuelva siempre del lado correcto.

Qué hacer con lo que sobra

Una vez que la lista está clasificada, hay una pregunta natural de seguimiento: ¿y ahora qué? Aquí conecta bien con la regla del 50/30/20 que ya explicamos antes, donde el niño divide su dinero disponible entre necesidades, deseos y ahorro. La lista de este ejercicio es justo el paso previo que hace que esa regla tenga sentido real en vez de ser solo un número.

Si quieres profundizar más en cómo estructurar esto por edades, la guía práctica sobre educación financiera para niños de 10 años tiene actividades complementarias que encajan bien con este ejercicio.

Y si tu hijo ya tiene mesada o dinero de bolsillo propio, esto se conecta directo con qué es la educación financiera para niños, donde hablamos de por qué esta distinción es la base de casi todo lo demás.

Mi sobrina, al final, decidió que las zapatillas iban en la columna de "quiero". Se las compró igual dos semanas después, con su propia mesada ahorrada. No sé si eso cuenta como un final feliz o simplemente como el resultado normal de dejar que un niño tome sus propias decisiones con información real. Probablemente las dos cosas a la vez.

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EntreKlass — Equipo Editorial de EntreKlass

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Academia online de habilidades para niños y jóvenes emprendedores. Creatividad, finanzas, liderazgo y comunicación desde los 7 años.

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