Beneficios para empleados con hijos que sí retienen talento
Educación
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Beneficios para empleados con hijos que sí retienen talento

Casi todas las empresas que conozco tienen un catálogo de beneficios más largo de lo que sus empleados creen. Seguro médico, formación, gimnasio, descuentos en una plataforma de ocio, día libre por cumpleaños. Y casi todas comparten el mismo problema: si preguntas a la plantilla qué beneficios tiene, la mayoría solo recuerda dos o tres.

Un beneficio que no se recuerda no retiene a nadie. Es un coste con apariencia de estrategia.

La pregunta interesante no es cuántos beneficios ofreces, sino cuáles siguen presentes en la cabeza del empleado seis meses después de contratarlos.

Por qué los beneficios familiares se comportan distinto

Hay una diferencia estructural entre un beneficio que recibe el empleado y uno que llega a su casa.

El que recibe el empleado compite con su propia rutina. El gimnasio de empresa compite con el cansancio de las siete de la tarde. La plataforma de formación compite con el trabajo pendiente. Son beneficios que exigen que la persona saque tiempo y energía que normalmente no le sobran, y por eso el uso real casi siempre queda muy por debajo del contratado.

El que llega a la familia no compite con nada. Compite a favor. Si el hijo de tu empleado usa algo cada semana y le gusta, ese beneficio se menciona en casa, se comenta con otros padres del colegio y forma parte de la conversación familiar sobre el trabajo de su madre o su padre. Deja de ser una línea en un portal interno y pasa a ser algo que existe en la vida real de esa persona.

Esa es la diferencia que importa: no cuánto cuesta el beneficio, sino cuántas veces al mes aparece en la cabeza de quien lo tiene.

El problema de conciliación que nadie mide

Hay una parte de la conciliación de la que se habla mucho: horarios, teletrabajo, flexibilidad. Está bien y hace falta.

Y hay otra de la que se habla poco: qué hace el hijo mientras el padre o la madre trabaja. Las tardes entre semana, los puentes, y sobre todo las vacaciones escolares, que en España y buena parte de Latinoamérica suman entre diez y doce semanas al año.

Esas semanas son un agujero logístico real. Se cubren con abuelos, con campamentos caros, con turnos negociados entre la pareja, y muy frecuentemente con pantallas sin criterio y sensación de culpa. Un empleado que pasa julio resolviendo eso está trabajando peor, y no porque le falte compromiso.

Un beneficio que dé a esos hijos algo estructurado, autónomo y con sentido durante esas horas no es un extra simpático. Está resolviendo un problema que la empresa ya está pagando en forma de distracción, permisos y estrés.

Padre trabajando con el portátil mientras su hijo está en casa detrás

Cuatro criterios para elegir un beneficio familiar

1. Que el hijo pueda usarlo sin supervisión

Si el beneficio requiere que el padre se siente al lado a explicarlo, no está ayudando: está añadiendo otra tarea a alguien que ya no llega. Comprueba que el niño pueda entrar y avanzar solo.

2. Que cubra un rango de edad amplio

Las plantillas tienen hijos de tres y de dieciséis. Un beneficio que solo sirve para una franja deja fuera a la mayoría, y los que quedan fuera lo perciben como algo que no es para ellos.

3. Que no genere trabajo a Recursos Humanos

Este es el criterio que más se subestima. Si activar el beneficio implica gestionar altas una por una, resolver incidencias o perseguir a la gente para que lo use, el coste real no es la factura: son las horas de tu equipo. Busca que el empleado reciba un acceso y se acabe tu intervención.

4. Que puedas ver si se está usando

Un beneficio sin datos de uso es imposible de defender en la siguiente revisión de presupuesto. Necesitas poder decir cuántas familias lo activaron y cuántas siguen usándolo tres meses después. Sin eso, cuando toque recortar, caerá el que no puedas justificar, no el que menos valga.

Cómo medir si funciona

Te propongo tres indicadores concretos, por orden de honestidad.

Activación: qué porcentaje de empleados con hijos lo activó. Si a los dos meses no llega al 40%, el problema suele ser de comunicación interna, no del beneficio.

Uso sostenido: cuántos siguen usándolo a los tres meses. Este es el número que de verdad separa un beneficio vivo de uno decorativo, y casi nadie lo mide.

Mención espontánea: en la siguiente encuesta de clima, deja una pregunta abierta sobre qué valoran del paquete de beneficios. Lo que la gente escribe sin que se lo sugieras vale más que cualquier puntuación del uno al diez.

Cómo comunicarlo para que se active de verdad

Aquí es donde se pierden la mayoría de beneficios buenos. Se contratan, se anuncian una vez en el correo mensual, y a los tres meses el 15% de la plantilla los ha activado.

El problema no suele ser el beneficio. Es que se comunica como se comunica todo lo demás.

No lo anuncies en el correo general de novedades. Ahí compite con el cambio de proveedor de café y el recordatorio de las vacaciones. Manda un mensaje separado, corto, dirigido solo a quien tiene hijos si tienes ese dato.

Enseña el producto, no la ventaja. "Acceso a formación en habilidades para tus hijos" no dice nada. Una captura de lo que ve el niño al entrar dice mucho más, porque el padre entiende en dos segundos si a su hijo le va a gustar.

Pon una fecha. Los beneficios sin fecha se posponen indefinidamente. "Activa tu acceso antes del 15" convierte una intención en una acción.

Recuerda en el momento oportuno. La semana antes de las vacaciones escolares, cuando el problema de "qué hacen los niños estos días" está encima de la mesa, es cuando ese correo se lee de verdad. Un recordatorio en junio rinde el triple que el mismo mensaje en febrero.

Que lo cuente alguien de dentro. Si tres empleados ya lo usan y comentan qué tal les va, eso convence más que cualquier comunicación oficial. Pregúntales si les importa que lo compartas.

El coste comparado con otros beneficios

Sin entrar en cifras de nadie, sí merece la pena que hagas una cuenta antes de decidir: divide lo que pagas por cada beneficio entre el número de personas que lo usan de verdad, no entre el total de la plantilla.

Ese número suele ser incómodo. Un beneficio contratado para doscientas personas que usan veinte cuesta diez veces lo que parecía en la hoja de cálculo. Y cuando lo miras así, los beneficios que compiten con la rutina del empleado casi siempre salen peor parados que los que llegan a la familia, porque los primeros dependen de que alguien saque energía que no tiene y los segundos no.

Hazlo con tu catálogo actual antes de añadir nada nuevo. Es posible que la conversación deje de ser "qué añadimos" y pase a ser "qué sustituimos".

Dónde creo que me equivocaría si prometiera más

Sería cómodo decirte que un beneficio familiar reduce la rotación un tanto por ciento concreto. No te lo voy a decir, porque no lo sé y quien te dé esa cifra tampoco.

La rotación depende del salario, del jefe directo, del mercado laboral, de la carrera profesional y de una docena de factores que pesan más que cualquier beneficio. Un buen beneficio familiar no retiene a alguien que se va por dinero o por un mal responsable. Eso hay que decirlo claro.

Donde sí creo que actúa, y esto es una opinión razonada, no un dato, es en el margen: en la persona que está razonablemente contenta y recibe una oferta parecida. Ahí, tener algo que su familia usa y valora inclina la balanza. Es un efecto pequeño, pero se acumula, y es mucho más barato que igualar una contraoferta.

Cómo funciona nuestro programa para empresas

En EntreKlass lo hemos montado de la forma más simple que se nos ocurrió: la empresa contrata un plan, cada empleado con hijos recibe un código de acceso individual, y a partir de ahí Recursos Humanos no tiene que hacer nada más.

Los hijos entran a los tres programas por edad, de 7 a 18 años, y avanzan a su ritmo con micro clases en vídeo y actividades prácticas: educación financiera, liderazgo, comunicación e inteligencia emocional. Cada uno recibe un certificado verificable al terminar un programa.

Y tú recibes reportes de uso, que es lo que te permite defender la partida cuando toque revisarla.

Los planes se llaman Startup, Empresa y Corporativo, según el tamaño de la plantilla. Tienes el detalle de cada uno en la página para empresas, y desde ahí puedes agendar una llamada para verlo por dentro antes de decidir nada.

Un apunte por si tu plantilla es joven y piensas que esto no aplica: la franja que más agradece este tipo de beneficio no es la de padres con bebés, sino la de quienes tienen hijos entre diez y dieciséis años. Son los que ya no necesitan cuidados constantes pero tampoco pueden quedarse solos sin plan, y son justo la edad en la que un padre empieza a preocuparse por si su hijo está preparado para lo que viene fuera del colegio. Ahí es donde este tipo de programa encaja mejor y donde más se comenta en casa.

Si estás revisando el paquete de beneficios para el año que viene, aplica al menos los cuatro criterios de arriba al resto de proveedores. La mayoría no pasa el tercero.

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Academia online de habilidades para niños y jóvenes emprendedores. Creatividad, finanzas, liderazgo y comunicación desde los 7 años.

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