¿Tu hijo solo responde «bien» cuando llega del colegio?
Descubre las 3 preguntas para criar hijos líderes durante la cena y que despiertan su liderazgo y pensamiento crítico.
Hay preguntas para criar hijos líderes y los padres no sabemos como sacarle partido.
Llegan del colegio, mochilas al suelo, y lanzamos la pregunta automática: «¿Cómo te fue?». La respuesta es casi siempre un «Bien» seco, seguido de un silencio o un «¿puedo ver la tele?».
Nos quejamos de que nuestros hijos no hablan, de que no nos cuentan nada. Pero, ¿nos hemos detenido a pensar si les estamos dando algo interesante de qué hablar?
Si queremos hijos con mentalidad emprendedora, resilientes y capaces de liderar en el 2030, no podemos seguir haciéndoles preguntas del siglo pasado.
La mayoría de la gente ve los problemas como algo de lo que quejarse («el tráfico es horrible», «la comida estaba fría»).
El emprendedor ve los problemas como oportunidades.
Si tus compañeros se quejan de que la fila del almuerzo es lenta -> Ahí hay un problema de procesos.
Si a todos se les pierden los lápices -> Ahí hay una necesidad de mercado.
Cuando le haces esta pregunta a tu hijo, le enseñas a observar su entorno con ojos críticos y constructivos. Dejan de ser espectadores pasivos y empiezan a ser analistas de su realidad.
El éxito real no se trata de cuánto acumulas, sino de cuánto impactas.
En un mundo obsesionado con el «yo» y el «selfie», el verdadero liderazgo es servicio. Esta pregunta cambia el foco de tu hijo: deja de pensar solo en su examen y su recreo, y empieza a pensar en los demás.
¿Ayudó a alguien a recoger unos libros?
¿Explicó un ejercicio a un compañero que no entendía?
Esto es la base del Networking. Las relaciones se construyen aportando valor a otros. Si entrenas esto desde los 10 años, a los 25 será un conector natural de personas.
Esta es la pregunta más disruptiva. En el sistema tradicional, el error se castiga (te bajan la nota). En la vida real y en los negocios, el error es el precio de la entrada para la innovación.
Si tu hijo te dice: «No fallé en nada, todo salió perfecto», dile: «Vaya, entonces hoy no arriesgaste lo suficiente».
Queremos que nuestros hijos pierdan el miedo a levantar la mano y equivocarse. Queremos que intenten el tiro a gol y fallen.
Cuando normalizas el fracaso en la cena, les quitas una mochila de piedras de la espalda. Aprenden que el error no es una etiqueta («soy tonto»), sino un dato («tengo que intentar otra estrategia»).
Esta noche, cuando se sienten a la mesa, deja el piloto automático apagado.
No les pidas un reporte de notas. Pídeles un reporte de vida.
Al principio les parecerá raro. Quizás te digan «no sé». Pero insiste suavemente. Modela tú el ejemplo contando tu propio problema, tu propia ayuda y tu propio fracaso del día.
Estás construyendo algo mucho más importante que una conversación: estás construyendo su carácter.
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